TRASPLANTE DE UN gran ejemplar de CEIBA Speciosa

Ceiba Speciosa, o Palo borracho es un árbol caduco que pierde sus hojas con la llegada del frío (mediados de otoño o invierno). Su plantación en parques y jardines de ciudad es bastante habitual en la República Dominicana y otras partes de América Latina. 

En esta ocasión, os presentamos el trasplante de un árbol maduro de Ceiba Speciosa, árbol nativo de las selvas tropicales de la República Dominicana.

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Dadas las necesidades de altura y grosor del árbol solicitadas por nuestro cliente, seleccionamos un ejemplar de que estaba en una zona de difícil acceso para la maquinaria necesaria para su extracción, dado que dicho ejemplar cumplía, además, con muy buena salud. 

El trasplante se inició realizando una poda de formación en las ramas superiores con el fin de preparar el árbol para cumplir con las exigencias del transporte en carretera de la Rep. Dom. 

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Con el uso de maquinaria pesada, la dirección y coordinación de nuestro equipo y colaboradores, conseguimos extraerlo y montarlo en el camión exitosamente para conseguir un trasplante y brotado del árbol. 

Se colocó una malla envolente para protejer el cepellón durante el transporte. 

Luego, se preparó el agujero donde el árbol sería ubicado.

Su origen es tropical por lo que no tolera bajas temperaturas. Su plantación está recomendada en zonas con inviernos suaves, propios del mediterráneo o zona costeras (donde se utiliza habitualmente).

 

Es un árbol exigente en iluminación. Dado su rapidez de crecimiento y la gran altura que alcanza, le gusta estar un espacio aislado y amplio en el jardín con alta entrada de luz, libre de paredes y obstáculos que le generen sombra.

Finalmente, este gran ejemplar se dejó brotar en su nueva ubicación, por lo que nos sentimos orgullosos de darle un nuevo hogar para prosperar y florecer a ese hermoso árbol. 

Dato curioso: En República Dominicana, el tronco de la Ceiba se usaba, desde la época de los indígenas, para hacer cayucos, que eran embarcaciones de una sola pieza, debido a lo liviano de su madera.

Históricamente, la tradición señala que las amarras de las naves de Cristóbal Colon fueron atadas a un árbol de Ceiba en el río Ozama y que aún existe un viejo tronco de esa Ceiba, ya petrificado, en el antiguo muelle de Santo Domingo.​